En el centro del pueblo existe una ermita consagrada a San Roque con parte de su estructura excavada en la roca. En dos de las paredes aparecen bancos corridos labrados en la piedra arenisca.

En el  frente un pequeño altar da cobijo a una talla de San Roque de madera policromada. Junto a ella otras dos tallas de madera simbolizan un ángel y un perro con un pan en la boca.

Recientemente ha quedado al descubierto una inscripción en la base del altar de piedra en la que se lee lo siguiente:

“Esta imagen y este retablo hizo Antonio Rodríguez,

cura, con su propia mano. Año de 1601.”

A ambos lados de la misma y en losas de piedra aparecen otras inscripciones ilegibles en la actualidad.